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25 diciembre, 2012

Parte 6

Saivid Ab era una Abilk respetuosa, tanto con los de su especie como con las nuevas especies colonizadas. Junto a su marido Kaosett, decidió que un joven He sería la guinda del pastel en sus vidas. Y por ello decidieron adoptar al 17641.
Aquel niño de sonrosadas mejillas llevó a sus vidas un estado de perpetua desconfianza, aquel joven, a pesar de no tener ni un ciclo, ya sabía que los Abilk le habían hecho algo a su familia, y era por eso por lo que Saivid intentaba con todas sus fuerzas acercarse a él y ayudarle en su conversión.
Aquella especie, quienes se autodenominaban humanos, le recordaban a la mujer Abilk a los buenos tiempos de su mundo, hacía ya tantos ciclos atrás que nadie recordaba como había sido, pero ella había estudiado y leído.
Ella entendía lo que su especie hacía, y eso muchos no podían decirlo.
Saivid, al igual que su pareja, había nacido en la nave espacial que había construido su especie, mucho antes de que se empezasen a colonizar nuevos planetas. Estos planetas eran salvados, eran ayudados a no ser destruidos.
El planeta de los Abilk había sido una tierra salvaje y hermosa, pero su especie la había destruido y contaminado, hasta que el planeta fue inhabitable. El planeta He estaba a un par de pasos de acabar igual, y por ello habían decidido que era hora de actuar.
Aquel niño He, quien se hacía llamar Ronald, no podía entender que los habían salvado de la destrucción.
Pero Saivid le había cogido cariño, y por ello había decidido que iba a demostrarle al 17641 que estaba equivocado, que no tenía nada que temer.
Haría que dejase de llamar en sueños a una tal Blair, y le haría también aprender el idioma Ab.
Por su bien, y el de toda la especie He.

24 septiembre, 2012

Parte 5

El hombre llevo a Blair a su habitación y le quitó las esposas.
-Dormirás aquí. Puedes vestir como quieras, tienes toda la ropa que necesites en ese armario. Tú harás la  colada de la casa y, aparte, te ocuparás de tus cosas, ya tengo más esclavos para que hagan el resto del trabajo -Blair no podía entender por qué ese grotesco hombre seguía hablando en el idioma alienígena cuando sabía perfectamente que ambos hablaban inglés.
-Está bien -dijo ella en inglés.
-Contéstame en abilk, henia.
Henio era el nombre que usaban los invasores para referirse a la raza humana. Blair sintió el deseo de escupirle a ese hombre en la cara.
-Atuk kein -repitió, esta vez en idioma abilk.
El hombre sonrió con satisfacción y se marchó de la habitación, dejando a Blair sola.
Blair dio unas vueltas por la habitación observándolo todo: tenía una cama ancha y espaciosa con dosel con la que no habría podido ni soñar en su vida anterior ni mucho menos en la academia donde la habían estado "entrenando" para ser una buena esclava.
En el armario-cambiador era espacioso y estaba repleto de ropa variada elegante y de buen gusto. Abrió algunos de los cajones: calcetines, cinturones, ropa interior... Se sonrojó al abrir un cajón ancho donde había ropa interior bastante picante y todo tipo de juguetes sexuales.
<<¿Para qué querré yo esto? Igual me deja tener relaciones... A lo mejor esa fachada de humano vendido ni siquiera es real>>.
No supo muy bien por qué, pero sintió un poco de simpatía por ese humano regordete que había pagado tanto por ella y ahora la cubría de lujos
<<Incluso mi deber es poco, sólo tengo que hacer la colada>>.
Alguien irrumpió en la habitación interrumpiendo los pensamientos de Blair. Se giró sobresaltada hacia la puerta. Una criatura parecida a una pequeña elfa entraba en la habitación. Blair la reconoció como una cigai
-¡Lo siento! Debí haber llamado...
-No pasa nada. ¿Qué quieres? -preguntó en voz neutra.
-Sólo me ha enviado el amo para enseñarte la casa... -el color marrón musgoso de las mejillas de la elfa se volvió blancuzco. Blair supuso que era el equivalente a una cara humana sonrosada.
-Está bien. Voy contigo. Por cierto, soy Blair ¿Cómo te llamas?
-Pahoa. Encantada. -la cigai hizo una mueca parecida a una sonrisa. A Blair, los cigai siempre le habían parecido muy similares a los humanos.

10 septiembre, 2012

Parte 4

Le dieron a la muchacha una túnica para que se tapara y le pusieron una especie de esposas, entregándosela al humano en un tiempo récord.
Él sonrió de una forma que Blair supo que no traía nada bueno.
A su vez, Janv gruñía por lo bajo mientras intentaba pensar en un plan aleatorio que no pusiera en peligro nada de lo que había conseguido hasta entonces; sabía que aquel henia era despreciable, se le había estudiado a fondo antes de dejarle entrar en la casta superior, y su historial no es que fuera muy bueno. Y todo dejando a un lado que había vendido a su familia y amigos.
Janv salió de la sala y caminó por el largo pasillo hasta que se topó con la luz del Sol. Fuerte y firme bajo un cielo sin ya casi nada de capa protectora. Sabía que si hubiesen llegado un poco más tarde, habría sido la ruina de ese planeta; pero aun así no podía evitar lamentarse de la suerte que corrían sus habitantes.
***
Un par de criaturas homínido-ave cogieron a Blair y la obligaron a meterse en el coche; seguidamente se sentaron en la parte delantera del vehículo y esperaron pacientemente a que el humano se metiera en el transporte.
-Llevarnos al centro, Egges.-Dijo refiriéndose a esas criaturas las cuales al parecer se denominaban de esa forma; Blair recordó que así eran llamados los habitantes del sector E.-Antes de ir a casa vamos a comprarte ropa, preciosidad.
El humano pellizcó la barbilla de la chica tras decir esto en idioma abilk, gesto al que ella respondió intentando morderle, sin conseguirlo.
"Incluso ha renegado de su propio idioma" pensó Blair mientras intentaba forzar las esposas, las cuales sabía de otras ocasiones que eran de un material casi indestructible.
***
-Guardián 230, su turno comienza en breves, vaya a su puesto inmediatamente.
La voz salió del altavoz resonando por todo el edificio. Janv sabía que si no aparecía sería severamente castigado, pero estaba demasiado distraído pensando en lo que aquel ser podía hacerle a aquella chica.
Él no entendía qué era lo que le ocurría con la henia hembra, pero tenia el implacable deseo de ayudarla.
"Cueste lo que cueste" pensó mientras cogía su chaqueta del suelo y se dirigía con paso firme hacia su posición.

19 agosto, 2012

Parte 3

La última compañera de Blair había sido subastada por un precio ridículamente bajo. Y ahora era su turno.
Le temblaba el cuerpo por dentro como si se estuviera muriendo de frío y los nervios le atenazaban el estómago. El beyko que las llevaba al público y las vigilaba la miró con sus fríos ojos color roca. Hizo un gesto para que entrara.
Blair calmó su cuerpo y caminó hacia la multitud mirando al suelo.
Estaba ridícula. Tan solo unas bragas y un sujetador blancos cubrían su cuerpo ante esa multitud de alienígenas. Sólo necesitaron verle para comenzar a gritar obscenidades y silbar.
Cuando llegué al centro de la tarima de madera blanca que había delante de la marabunta alzó la mirada. Reconoció a los abilks, la raza que más se encontraba entre las clases altas por ser de procedencia del planeta original. Todos eran pequeños, extremadamente livianos y de un albino enfermizo; y, por si poco blanco fuera, siempre vestían de ese mismo color. También algún beyko, pero no demasiados. Algunos Cigai, criaturas muy parecidas a las humanas, salvo por su tono de piel marrón musgoso, sus ojos rasgados todo pupila y sus orejas alargadas; a Blair se le asemejaban a los elfos. La mayoría pertenecían al ejército, aunque también se veía algún comerciante. Reconocía al resto de especies tan sólo de vista, ya que en su escuela todos eran abilk, beykos o cigai. Había una especie muy pequeña, que según Blair sabía eran más inteligentes que los abilk, pero desconocía su nombre. También, al fondo, unos que sobresalían por ser más altos incluso que los beikos, una especie de homínido-ave, con alas a la espalda y plumas por todo el cuerpo.
- ¡Que se desvista! -gritó alguien entre el público, desviando los pensamientos de Blair.
- ¡Eso! ¡Queremos verla desnuda! -gritó un humano. Blair miró con odio al fornido hombre que había traicionado a su  propia especie con tal de ganarse un hueco en las clases superiores de los invasores. Si no se equivocaba, se trataba de un político conocido.
Todo el público comenzó a gritar excitado, haciendo comentarios lascivos y despectivos hacia Blair al ver que ella no tenía la intención de mover un músculo para quitarse la ropa.
El beyko guardián se acercó por detrás y dió un golpe a Blair en la espalda haciéndola caer de rodillas. El públlico gritó delirante.
Guardándose las lágrimas de rabia para sí, y lentamente, Blair se desprendió de toda su ropa.
- ¡Me gusta! -gritó el humano-. ¡Date la vuelta y enséñate bien!
Blair no tuvo más remedio que obedecer. De espaldas al público dejó que dos lágrimas rodaran por sus mejillas.
-¡Cuarenta pavos! -chilló el humano, excitado.
Un cigai levantó la mano. Era el único que a esas alturas seguía sentado en la silla. Blair reconoció al guardián que el día anterior le había impedido huir y sintió un odio efervescente por dentro.
- La quiero. Cien pavos -dijo con voz tenue
El humano reaccionó y dobló la cantidad. Durante casi diez minutos pelearon sólo ellos dos por Blair, hasta que uno dio la cantidad final.
-Tres millones ochocientos mil.
Se hizo el silencio.
Y Blair fue vendida al humano.

17 agosto, 2012

Parte 2

En la escuela Lawert todo eran normas y misteriosas desapariciones de alumnos que quedaban incapacitados o que tenían mala salud. Había una cosa buena y otra mala para Blair ese año: la buena era que al fin saldría de aquel lugar y podría dejar de preocuparse de que cualquier día la cogieran y se deshicieran de ella, la mala era que sería subastada a una panda de la casta superior y que lo más probable es que acabara trabajando para la gente que odiaba.
Los dos años que había estado allí metida se había dedicado a molestar e intentar escapar para que así nadie la comprara, lo malo es que sabía que había demasiadas posibilidades de que no fuera así.
- Atención henias, debéis dar vuestras ropas al guardián 263 para la graduación - dijo el bagsjet, o supervisor, a las  chicas que se encontraban en el cuarto, preparándose para la puja.
- Nos llamamos humanos, no henias - susurró Blair por lo bajo, haciendo que uno de esos abilk le diera con la vara en la pierna. Ella ahogó un quejido como siempre hacía y se frotó la zona dolorida.
Las muchachas se empezaron a desnudar y a quedarse en ropa interior, todas menos Blair, quien seguía de brazos cruzados ganándose las miradas temerosas de sus compañeras.
Uno de los abilk que se encontraba vigilando gruñó y le azotó con la vara, dándole tan fuerte que Blair tuvo que doblarse del dolor.
- Deberías atenerte a las normas, 17640, o serás severamente castigada junto con tus amigas.
El abilk dijo eso en su idioma. Blair miró a aquella criatura furiosa y se quitó la camiseta con un movimiento furioso, mostrando así que iba a someterse por sus compañeras.
- Háblame en mi idioma, pedazo de... - antes de que Blair pudiera  terminar la frase un beyko entró en la sala e hizo que la primera chica saliese.
Los beykos eran los habitantes del planeta Bey, planeta que había sido sometido hacía más de doscientos ciclos por los abilk, y que se encontraban entre las castas superiores, eran los encargados de subastar a los especímenes y hacer trabajos pesados por su gran corpulencia y poca inteligencia.
Blair pudo escuchar como los mandamás de las Castas Superiores pujaban y reían; una de sus compañeras, la siguiente en la fila, empezó a temblar y Blair no pudo evitar sentir también miedo.

16 agosto, 2012

Parte 1

El Abilk se dirigió hacia el joven y le indicó que ya se había cumplido el tiempo de visitas y que debía regresar al sector He, donde trabajaba actualmente.
- ¿Ya? ¿Tan pronto? -preguntó el muchacho sorprendido.
- El plazo es el plazo, sabes de cuánto tiempo es.
El chico miró con tristeza a su familia y les abrazó uno por uno, primero a su maltrecha madre y después a los tres hermanos pequeños.
- Os llevaré a la Casta Superior, ¿vale?
Su madre le agarró una mano:
- Estamos bien... No te extorsiones por nosotros. Tendrías que trabajar demasiado duro y tú nunca subirás.
- Mamá, os saqué de los antros de las Castas Inferiores. Sólo quiero que estéis bien independientemente de lo que tenga que hacer. El fin justifica los medios.
- Te quiero, Janv -su madre le dio un beso en la mejilla-. Cuídate y no te arriesgues demasiado; te necesitamos aquí desde que tu padre fue...
-Guardián 230 del sector He, su tiempo se ha agotado. Salga inmediatamente hacia su nave -dijo el oficial Abilk con impaciencia.
Janv se levantó lentamente y guiñó un ojo a sus hermanos. Sabía que los Abilk no se los arrebatarían: estaban en la Casta Media. Por mucho que hubieran sido esclavos en tiempos pasados, ya nada podían hacer contra ellos.
- Kei Kennagh -se despidió en el idioma de su planeta, el cual era legal hablarlo en este siempre que no fuera en lugares públicos, y salió por la puerta.
"Kei Kennagh" pensó para sí. "Tengo que arriesgarme si quiero que dejéis de vivir en la miseria, mamá. Lo siento"

14 agosto, 2012

Prólogo




C
ORRE, corre por un gran bosque de verano a la luz de un Sol poniente que, a pesar de estar empezando a evadirse de aquel mundo, sigue brillando con fuerza, casi con furia, como si quisiera ayudar a aquella pobre muchacha que no sabe a dónde ir.
La joven se cae, tropezando con una rama que sobresale tras montañas de tierra humedecida por las lluvias esos últimos días. A pesar de ser verano, el otoño amenaza con sustituir a la calurosa estación más pronto de lo esperado.
Permanece allí tumbada y boca abajo un rato largo, sin moverse, casi como si esperase poder desaparecer si no se mueve durante mucho tiempo. Al darse cuenta de que sus plegarias de esfumarse no sirven de nada, se coloca boca arriba y espera a que las pisadas se oigan más y más cerca, hasta que las acaba oyendo a su lado, seguidas de unos pies encaletados en unas deportivas blancas—aunque ya negras por el barro y la suciedad del bosque—, y unos vaqueros con la parte baja rota y gastada de tanto correr y pisarla. Ella prefiere no mirar hacia arriba, no quiere observar el final que le espera al posar su mirada en la de su «captor» o “salvador”, como prefieren llamarse.
La chica se digna, al fin, a levantar la vista, posando su mirada en unos ojos grandes y oscuros como el firmamento, a los cuales no podía distinguirse donde terminaba la pupila y empezaba el iris.

— ¿Qué?
 Fue lo único que pudo decir antes de desvanecerse y que todo se volviera negro.


Un tipo de ojos oscuros mira a aquella muchacha tendida en el suelo, sus ojos se cierran justo después de soltarle aquella pregunta tan estúpida e insensata, no entiende cómo una humana puede ser tan… ¿indisciplinada?, ¿cabezona?, ¿valiente? Tal vez fuera un poco de todo. El extraño suspira y, con un grácil gesto coge a la joven y la carga sobre sus hombros, sujetándola bien para que, si se despierta, no intente volver a escapar.
En cierto modo le da pena, tener que hacer que sea algo que no quiere, convertirla en algo que odia.

«Puede que, incluso, llegue a comprender los sentimientos de esta cabezota con tendencia a escaparse de los sitios, puede que, incluso, esté llegando a sentir algo de compasión por ella...» Se va diciendo mientras emprende la marcha hacia el internado, donde todos aquellos humanos que son demasiado jóvenes para ser exterminados, pero demasiado adultos para convertirlos, son enviados y educados para ser mansos y buenos con quienes iban a ser sus “dueños”.
Una mueca pasa por las facciones de aquel muchacho, mientras intenta no pensar en toda aquella tortura a la que son sometidos todos esos chiquillos que no han elegido aquello, que son demasiado jóvenes para tener que vivir todo aquello.

Esta vez, su mueca es seguida por un sonoro gruñido, el cual hace que sus cuerdas vocales vibren con fuerza.

Empieza correr, primero lento, después a una velocidad de vértigo, casi como una sombra. El viento le corta el la cara, intentando hacer que vaya más lento, pero él no lo permite, quiere sentir que es lo correcto lo que está haciendo, que no se equivoca…